
A ver si lo entiendes de una vez: que me da igual que no me hables, que pases de mí o al menos lo parezca, si dejas claro que sólo soy yo que a veces me imagino cosas. Que no importa que vayas a tu bola ni que adores el azar mientras sigas teniendo el factor sorpresa. Que me da igual que contestes tonterías sin sentido cuando no sabes que decir y que no me acompañes a casa mientras me llames para dar las buenas noches. Que no me importa tener miedo ni que tú lo tengas, ni que nos acerquemos a diez por hora, mientras algún día choquemos. Que me da igual tener que esperar una hora, incluso muchas horas, mientras el que llegue seas tú. Entérate, que no me importa que no vengas si después miramos las estrellas juntos por teléfono. Que no me importa que te comas mis golosinas mientras lo hagas con una sonrisa. Que me daigual volverme loca cada vez que te esfumas mientras siga volviéndome loca cada vez que te escucho. Que no importa la hora que hay de ti hasta llegar a mí, como si te quieres ir a Tokyo a vivir, siempre que yo pueda llamarte cuando quiera; pero tienes que decirlo, llámame y dime: puedes llamarme cuando quieras, a la hora que sea, incluso si se esfuman las horas, el tiempo, el mundo; puedes llamarme, siempre querré hablar contigo. O dime: hoy tengo miedo, por eso te evito, ayúdame a perderlo. Y si no, simplemente no me evites, porque eso sí importa; y al menos, si lo haces, dímelo: paso de ti, no me importas lo más mínimo. Sí que importa morir cada vez que desapareces si no sé que vas a volver sonriendo, como demostrando que no habías desaparecido, que solo te habías retirado a tu mundo. Entérate, que sí importa ese segundo, el de la despedida. Que sí importa que te vayas sin mirar atrás. Que quiero que te gires y me mires, pero de frente, no de reojo, y no me dejes marchar.

