20100718

Despacito.






Y yo paso el tiempo esperando; esperando que llegue algo, ¿pero qué?, ¿espero que llegues tú? No lo sé, pero no me gustaría que llegases envuelto en papel de regalo, con un lazo gigante sobre el cuello y haciendo mucho ruido, ni tampoco que dijeras: ¡sorpresa!, justo cuando me vieras. Prefiero que llegues despacito, sin hacer ruido, como quien no quiere llegar pero lo desea con todas sus fuerzas. Despacio, la prisa no existe en mi mundo; pero no pares, quiero ver como continuas acercándote, hasta estar a un suspiro de mí.
Mientras, yo he decidido dejar de esperar, caminar cerca de ti pensando si algún día podré incluirte en un nosotros y lanzarte burbujas repletas de cariño, de miradas, de sonrisas, y quizás, de algunas cosas más; espero que puedas cogerlas para ver lo que llevan dentro, pero para asegurarme, te voy a regalar un cazamariposas, está decidido; así podrás atraparlas; pero has de llevar cuidado, no vaya a ser que las hagas explotar y otros se lleven lo que solo es para ti. De esta forma, tú verás que yo también me acerco, y quizás consiga una sonrisa, un beso, un yo también quiero estar contigo de tu boca, y sino, sácalo de dónde quieras, del bolso de Mary Poppins o del bolsillo de Doraemon. Y no te preocupes, que yo no necesito un cazamariposas, siempre estoy alerta, esperando sin esperar.

20100627

La caja.



En ese preciso instante descubrió que el secreto de la vida es tentar a la suerte; tan fácil y tan complicado.
Si tentamos a la suerte, quizás esta nos crea lo suficientemente temerarios como para necesitarla, y solo entonces, llegaremos a ser afortunados.
De todo esto se dio cuenta aquella noche, aquella bonita noche. Cuántas cosas se aprenden navegando...
Quizás los mejores, son los amores fugaces. No llegan a hacer el suficiente daño para provocar lágrimas; se recuerdan siempre; producen tal cantidad de adrenalina, que la ilusión dura semanas; no se llega a saber sus defectos; dan y das los mejores besos, por si no hay más ocasiones. Y lo mejor, siempre quedará la esperanza de estar junto a él algún día, aunque tan solo fuera una noche; ella sabe que en esencia, lo conoce mejor que nadie.


Volver a decirle, sintiendo el mar, que no le cabe duda, que en otras circunstancias le querría, y que quizás, aunque esto nunca lo admitiría ante nadie que no fuera él; ya le quiera un poco.
Sí, no le cabe duda, los amores cortos son geniales. Ya no le quiere. Quizás sí le quiera, pero se ha evaporado mucho amor con el tiempo. La verdad, no sabría decir cuánto le quiere del uno al diez. Pero intenta no pensar en ello, le resulta más atractivo perderse por las páginas amarillas internacionales.
Hasta ahora, ella siempre pensó que pasara lo que pasase, siempre que él volviera, lo dejaría todo.
Ahora sabe que hay más cosas en el mundo, y son mucho mejores. Ahora, si a ella le dieran a elegir entre él o la caja; elegiría, sin duda alguna,
la caja. Pues esta, al menos, incluye el factor sorpresa.